Actividad deportiva y depresión | Dexpresionismo

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Actividad deportiva y depresión


Dr. Gustavo López Pastor
Psiquiatra

Centro de Especialidades de Foietes Benidorm. Alicante.

INTRODUCCIÓN.

La sabiduría popular transmitida de abuelos/as a padres/as y de estos a sus descendientes, ya contempla que determinados cambios en nuestros hábitos tienen capacidades preventivas e incluso curativas. De esta manera es bien sabido que una dieta sana o más en concreto la dieta mediterránea, la regularización de horarios, el descanso nocturno, las relaciones sociales, así como el clima y el deporte, inclinan de manera ostensible la balanza hacia la mejoría ante una situación de desequilibrio mental temporal o bien impiden o dificultan la aparición de dicha enfermedad mental. (Gómez-Juanes R et al, 2017)

El ejercicio realizado de una manera regular y progresiva produce en un tiempo relativamente

breve beneficios psicológicos y estabilización emocional.

El mero hecho de sentir físicamente mayor ligereza, mayor índice de actividad o incluso verse con mejor aspecto, incrementa la confianza de la persona en sí misma para conseguir realizar o cumplir tareas que de otra manera no se hubieran producido.

La cascada de circunstancias que se desprenden de estos hechos, afianzan y confirman más esta decisión de mantener o aumentar la actividad física. El incremento de la confianza personal propicia o favorece el incremento de la interacción social, un mayor rendimiento laboral o intelectual, la mejoría de molestias musculares … etc.

BASES CIENTIFICAS.

Todas estas circunstancias relacionadas con la actividad física, hoy en día ya cuentan con explicaciones científicas, qué si bien no son sencillas, a menudo, hemos oído hablar de ellas. Algunos de los ejemplos nos ayudarán a entender aquello a lo que los clásicos ya hacían referencia en el pasado: la importancia de la simbiosis entre cuerpo y mente como una unión indivisible de nuestro ser.

Para la mejor comprensión de la importancia de la actividad física procedemos a describir los neurotransmisores más importantes implicados en esta (Stahl, 2007):

Serotonina es un neurotransmisor que esta implicado en muchas funciones, como por ejemplo: la actividad motora, el dolor, la alimentación y el aparato digestivo, el ritmo

sueño/vigilia, las funciones cardiovasculares, y endocrinas, la secreción de hormonas y la actividad sexual, la temperatura corporal y las funciones intelectuales y del ánimo.

Dopamina es otro de los neurotransmisores que sufre variaciones por la actividad deportiva. Está implicada en numerosas actividades cerebrales como, por ejemplo, el movimiento corporal, algunas funciones intelectuales como la memoria, la atención y la resolución de problemas o la capacidad de razonar, el aprendizaje y la predicción de los errores. Interviene también en la regulación de la prolactina (hormona para la lactancia), y en la motivación, el deseo y el placer, es decir en el circuito de la recompensa (como la obtención de alimentos, la actividad sexual o las adicciones a algunas sustancias o conductas) y en la saliencia o perceptibilidad de estímulos de recompensa o peligro.

Adrenalina es una hormona implicada en la regulación de las contracciones musculares, las funciones endocrinológicas como la insulina, el hígado y tejido adiposo, el sistema cardiovascular, el aparato respiratorio y otros muchos órganos y tejidos.

Las endorfinas pertenecientes a la familia de los opioides endógenos y están implicadas fundamentalmente en el dolor, en la alimentación (ingesta p.ej de chocolate y alimentos picantes), excitación, enamoramiento y sexualidad.

PROGRAMACIÓN DEL EJERCICIO.

¿COMO EMPEZAR?

En este punto suele haber ligeras discrepancias:

La indicación más habitual entre los profesionales de la salud suele ser, de manera general, la realización de un ejercicio aproximado diario de 20 a 30 minutos y 3 a 5 días por semana. Pero existen variables de duración (10 y 15 minutos) e intensidad, según el deporte y que pueden marcar la diferencia en cuanto a la mejoría anímica experimentada.

Otras indicaciones de los profesionales de cara a crear un hábito que perdure en el tiempo (puesto que el abandono precoz es una variable frecuente), es la realización de ejercicio a diario siendo la curva progresiva en cuanto a intensidad y tiempo de duración del ejercicio. En este modelo, el objetivo es adquirir el hábito de realizar actividad y ello se consigue realizándola de manera frecuente, con el mismo horario, con un incremento progresivo de la intensidad y el tiempo, y vigilando que la actividad sea estimulante y no cause excesivo cansancio ni molestias en su inicio.

¿QUÉ ACTIVIDAD, CUÁNDO Y CON QUIÉN?

Otros factores que ayudan a iniciar y mantener el hábito de la actividad física son la elección de un tipo de actividad deportiva que sea placentera, lejos del pensamiento de un deber o tarea y la adaptación del plan a las necesidades y capacidades personales, seleccionando el momento idóneo (tramos horarios en función de la actividad laboral, tipo de deporte, en soledad o con compañía, individual o de equipo,…) y la fijación de metas sensatas y razonables, adaptadas e individualizadas.

Valorar con anterioridad, analizando las posibles dificultades, contratiempos u obstáculos ayudan a disminuir las posibilidades de fracaso como p.ej Si se produce un sentimiento de vergüenza o inseguridad ayudaría la realización del deporte en

la propia casa, a la falta de constancia ayudaría una persona amiga o familiar, a posibles limitaciones económicas, la elección de un deporte gratuito, etc.

La automotivación es importante, fallar algún día no es óbice para no seguir intentándolo. Los resultados a corto y medio plazo son el principal objetivo.

Siempre la supervisión y el consejo de un profesional de salud mental, evaluando de manera global, determinando el tipo de actividad, la adaptación de horarios, las relaciones sociales con los compañeros y compañeras de actividad, pueden ser beneficiosos de cara a la adquisición del hábito del ejercicio como una herramienta para el bienestar físico y mental.

Gómez-Juanes R et al. Estilo de vida saludable: un factor de protección minusvalorado frente a la depresión. Psiquiatría Bilógica. 2017; 24 (3): 97-105

Escrito por: marcos del llamas